Náusea cósmica
Sentí cómo era una fracción consciente, una fracción ínfima y efímera de la existencia.
Sentí que debía escribir porque mi vida iba a cambiar totalmente, pasó menos de una hora y ya no siento el miedo, el miedo inescapable a la muerte, a la ausencia de existencia, al cesar de la vida.
Sentí que espectaba la existencia, la vida, desde mi cuerpo, tal vez casi salgo, casi salgo de esta simulación cutre, peye y gonorrea. Gente haciendo fila en cajero, gente creando conflictos sociales. Me salvó una cosa: la gente. Maldita gente, malditos humanos. Me salvó recordar que vivo con gente que todos estamos en la misma mierda, es parte del código, compañía = bienestar. Esa niña, tres años, no sabe (nadie sabe) por qué vive, no tiene ni idea de que lo hace, no sabe cómo llegó ahí, ni sabe como sigue ahí, solo se recostaba en la banca. No sé si invocar a Dios por ayuda, siento que siempre me deja en visto. Pensé escribir una novela de mí mismo, una tragedia, termina con una muerte, con el autor loco, con un libro incompleto. Tal vez escriba un cuentico. Estoy pegado de una piedra y si miro para arriba miro para el abismo, miro para el vacío, pal’ hueco y si un día estoy mirando… ¿y me caigo? ¿qué pasa? ¿A donde voy a parar? No sé si invocar a Dios, esto es muy duro de masticar. ¿Me ayudaría Dios? ¿Siquiera podría? ¿Cómo le digo a la entidad que me va a apoyar en este viaje? Debo decidir. Dios no me habla para ayudarme, dizque ya dijo lo que iba a decir hace 6000 años a unos fulanos y después cambió el cuento mandando a decir con un man. Yo no sé. Para no llamar a Dios a que atienda a un bobo que no ha pasado la adolescencia y para quitarle peso a esta vuelta voy a invocar a Vastaya. Estoy seguro de que Vastaya no existe, entonces no importa. A menos que haya una parte donde existan las cosas que nos inventamos.
(Sección incompleta)
Comentarios
Publicar un comentario